jueves, 9 de marzo de 2017

Ramón Avial

Ramón Avial: el turf en familia

Ramón Avial y Totxo. Imagen: Olga Paniagua
El próximo domingo, el noble y veterano Totxo peleará la victoria en el premio Antonio Blasco. Es el caballo estrella de la pequeña factoría de la familia Avial, la cuadra Rober, unos colores que empezaron a lucir en el hipódromo hace 36 años. Ramón siempre ha sido el patriarca, pero la propiedad lleva el nombre de su hijo Roberto, ya preparado para tomar el relevo. Por si fuera poco, Fuenteesteis, segunda hace unos días en el Criterium de Languedoc, parece asegurar el futuro de una cuadra cuyas estrellas (amarillas, claro) se multiplican.

SU TIEMPO EN MADRID

Ramón Avial nació en Daganzo, un pequeño pueblo de la Comunidad de Madrid, en 1952. Su padre trabajaba como guardés de Patrimonio Nacional, bajo cuya tutela permaneció el hipódromo de La Zarzuela durante el siglo pasado, y en 1966 la familia se trasladó al recinto de la Cuesta de las Perdices: “Me aficioné desde que llegué. Hice algún pinito como jockey pero desde el principio me atrajo más entrenar, estar todo el día con los caballos. Pasé mucho tiempo como mozo con Juan Vicente Chavarrías, de quien aprendí mucho. Después estuve con Luis Maroto y con Gualberto Pérez. Mis hermanos (Juan Pedro, Miguel –que en paz descanse- y José Luis) me siguieron y fundamos la cuadra Rober. La bautizamos así por mi hijo Roberto, que tenía entonces tres años, y alquilamos una yegua, Sugar Me. Era malísima, pero la dejamos bajar en los pesos y acabó ganando una segunda parte de hándicap. Fue una alegría tremenda porque la pudo montar Juan Pedro, que acababa de volver de la mili.”

Gualberto Pérez figuraba como preparador, pero la cuadra Rober ya la gestionaba Ramón Avial. En 1982 obtuvo la licencia y comenzó a entrenar caballos de otros propietarios. Royal Kris, Carballo, Karachi, Sibarito, Borjito y Legal Jargon pasaron, entre otros muchos, por sus manos: “De Sur guardo un recuerdo muy especial por lo mucho que disfrutamos con él junto a la familia de Manuel Cid. Aunque tenía su carácter, como buen hijo de Kaldoun, era muy bueno. Ganó el Nacional. Llegué a tener 80 caballos en mis boxes, pero la situación del hipódromo se fue deteriorando poco a poco. Recuerdo que uno de mis propietarios me dijo un día que el hipódromo de La Zarzuela iba a cerrarse, que la única solución era poner de acuerdo a los profesionales y hacer algo de ruido para llamar la atención porque la Comunidad de Madrid estaba preparada para hacerse cargo de él. Lo hablé con mis compañeros para intentar organizarnos pero no me creyeron. Se lo tomaron fatal y decidí que lo mejor era marcharme. Tenía unos 25 caballos –la mayoría, de Pereira, Machín y Edemi- y me fui con ellos a Lasarte. Unos meses después el hipódromo de La Zarzuela cerró.”

SU TIEMPO EN SAN SEBASTIÁN

La mudanza le hizo dejar atrás muchas cosas, pero la familia –Su mujer Isabel y su hijo Roberto- seguía estando ahí y sus propietarios más fieles le acompañaron, al menos durante un tiempo: “Después se aburrieron. Corríamos mucho en Francia y ya no les parecía tan divertido. Me iba quedando sin caballos y los que compraba eran para mí o para la cuadra Carambola que compartía con mi amigo José Moreno. Éramos uña y carne. En las subastas él estudiaba los orígenes y yo los físicos. Tuvimos caballos muy buenos, como Columbus, y sentí mucho cuando, por circunstancias de la vida, dejó el mundo del hipódromo. Para mí era algo más que un hermano”.

El último caballo que corrió para la cuadra Carambola fue precisamente Totxo en el Gobierno Vasco de 2012, donde acabó segundo a solo medio cuerpo del ganador Cielo Canarias. Aquella carrera fue la confirmación definitiva de que era un gran caballo: “Lo habíamos comprado por 7.000 euros en las subastas de yearlings de Deauville. Me llamó la atención porque era un auténtico “tocho” de caballo. Tenía un físico impresionante. Una persona de la cuadra lo cuida expresamente, pero la verdad es que él solo se cuida estupendamente. Come bien, duerme bien y entrena bien. No hace falta forzarle en los galopes. Está fenomenal para correr el Blasco. No tememos a Noozhoh porque nos hemos batido mutuamente varias veces. Totxo da su mejor valor entre 1.200 y 1.400 metros, pero le gusta sobre todo la línea recta. Lo hará muy bien si encuentra pista blanda. Entre premios y primas ha ganado más de 600.000 euros y, tal como está, seguro que seguirá corriendo el año que viene”.

El gladiador Totxo regresa a Madrid. Imagen: Salva Maroto


Más barata aun resultó Fuenteesteis, adquirida también en Deauville el año pasado y admirable segunda en el Critérium de Languedoc, todo un listed francés: “Cuando la vi en el round previo a la subasta, dije: ésta es mi yegua. Lo que no me imaginaba es que solo iba a costar 3.500 euros. Volverá a correr este año una clase A y espero que siga mejorando el próximo año. Si corre en España será de las mejores, aunque todavía no sé si la venderemos”. Poti, que estaba corriendo en Francia, llegó a su cuadra en primavera y en verano logró cuatro victorias consecutivas para la cuadra Fabana: “Los responsables de la compra fueron Ion Elarre y Ander Galdona. Yo tenía mis dudas, pero ellos insistieron: es nacional, nos vamos a divertir con ella este verano, me decían, y al final me convencieron. Es muy valiente, tiene más corazón que físico y necesita que le hagan su monta. Si el jockey se equivoca, como pasó en el María Cristina, pierde la carrera. Su última salida, en un Grupo III, no corrió como sabe, pero seguirá otro año más en competición. Volveremos a disfrutar con ella en Lasarte”.

La familia Avial tiene en sus boxes 18 caballos, casi todos de su propiedad o con participación en ellos. La mayoría ha costado poco dinero: Eritiere (Diktat y Eretria) es una dos años todavía sin debutar. Es tardía y grandona. Estamos esperándola porque creo que tiene mucha calidad. Hoy Curillines me ha decepcionado, pero también es tardío, mejorará con la distancia y con la edad. Si la pista está buena correrá el Veil Picard. Tramazales todavía tiene cosas que decir. Tuvo una lesión de la que volvió a resentirse, pero se ha recuperado y ya está entrenando”.

Instalado en Lasarte desde hace más de 20 años, nunca se ha planteado regresar a Madrid, aunque reconoce que en los últimos tiempos ha pasado etapas duras: “Hasta hace un par de años las cosas no me iban tan bien. Al no tener casi propietarios, me tengo que financiar yo solo y no puedo gastar mucho dinero. Pero en Lasarte soy feliz. Nos tratan muy bien y allí lo tenemos todo a tiro, tanto Francia como Madrid. A La Zarzuela seguiré viniendo si los premios se mantienen a este nivel. Es una gozada correr en esta pista y hay que felicitar a sus cuidadores porque siempre, por mucho que llueva, está perfecta”.


El pasado domingo veíamos como el propio Ramón Avial sacaba a Curillines y Lava al paddock de La Zarzuela. Por la tarde regresaba a Lasarte y el lunes ya tenía previsto viajar a las subastas de Deauville. Así es la vida de un hombre de turf: “Compro, viajo con los caballos, los domo y pongo las herraduras. Hay que hacer de todo porque en la cuadra Rober somos solo cinco personas –además de mi mujer y mi hijo, están Rolando y José Manuel, que son como de la familia-. Compartimos juntos alegrías y tristezas. Me gustaría ganar algún día la Copa de Oro porque Lasarte es mi casa, pero mi mayor ilusión es disfrutar del turf día a día. Quiero que Roberto vaya teniendo cada vez más responsabilidad. Siempre ha estado conmigo y ya es hora de que empiece a coger las riendas de la cuadra. Va a ser mi relevo”. 

Noviembre de 2016 (publicado en A Galopar)

Carlos Guiñales

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