martes, 12 de septiembre de 2017

Abraham García

LA GRAN VICTORIA


Hablar de turf con Abraham García, el chef de Viridiana, requiere hacerlo con la mente muy abierta. De una anécdota vivida en el Derby de Kentucky salta a un relato de Borges, de una receta culinaria emigra al hipódromo de Chantilly, de un encuentro en Madrid con Lester Piggott regresa al lugar donde empezó todo: la España rural de los años cincuenta, un paisaje en blanco y negro donde a veces emergía la poderosa figura de un jinete a caballo.

LA YEGUA DEL MOLINERO Y LESTER PIGGOTT


Abraham nació en 1950 en Robledillo, un pueblo de los Montes de Toledo. Su bisabuela era gitana y él mismo se considera gitano: "Mis ancestros debieron ser tratantes de caballos y otros cuadrúpedos de menor linaje. En aquella época y aunque vivíamos en la indigencia, mi abuelo poseía una yegua prodigiosa; organizábamos carreritas entre los chavales y siempre vencían los hijos de los molineros, centauros que habían nacido a lomos de las bestias entre sacos de harina. Como sólo corríamos dos o de tres, me aseguraba el colocado”.

De adolescente, ya en Madrid, descubrió el hipódromo de La Zarzuela. Un amor a primera vista: "Fui con algunos cocineros del hotel donde trabajaba y me quedé fascinado por el ambiente, el brío y la elegancia de los purasangres. De vez en cuando nos colaban algunas carreras de cruzados, insulsos pencos a los que habría batido mi yegua. ¡Qué no habría dado yo por ser jockey! aunque sólo fuera para recibir el viento en la cara al despertar con el tambor de los cascos. Fue duro asumir que mis arrobas eran más apropiadas para un picador”.

Desde la tribuna norte vio ganar a algunos de sus caballos favoritos -Terborch, Rheffissimo- y a otros menos célebres como el Rosales Sansón, “que me dejó huella por su esfuerzo y honestidad". Eran, por supuesto, los años de Román y Carudel: "Claudio era la sutileza a caballo, un aristócrata de la fusta; y Román, el vigor y la fuerza, el jinete del pueblo; siento que al de Los Navalmorales nunca se le hayan reconocido los mismos méritos. Y luego estaba José Antonio Borrego, la estética a caballo; un jinete alado al que aún recuerdo viniendo en tromba por el exterior con el rematador My Mourne".

Abraham habla con añoranza, pero también con mucha ironía, de personajes como “el Platanito, famoso por sus pancartas y por colarse en todas partes"; y de las visitas a Madrid de Lester Piggott y Bill Shoemaker: "Cuando vino Shoemaker, yo narraba la carrera para Telemadrid. Contra todo pronóstico, el americano venció de punta a punta con un caballo imposible y yo tuve la sensación de haber asistido al más bello de los tongos. A Piggott le recuerdo en el paddock, recibiendo las directrices del preparador Manolo García. A tan largo soliloquio asistía impasible Alfonso Sánchez, el añorado crítico cinematográfico. Cuando mi paisano Alfonso subió a la tribuna, le pregunté qué le había dicho Manolo ¡durante más de diez minutos!, y éste, con su peculiarísima voz nasal, masculló: lo de siempre, procura que no te encierren y te vas a ganar en cuanto puedas”.

DE VIAJE POR EL MUNDO

Abraham ha viajado por los hipódromos de medio mundo. El turf es para él una válvula de escape: "Quemo mi vida en la olla exprés de mi cocina, pero cuando llego al hipódromo destapo la válvula, rejuvenezco, respiro, me expando. Él de La Zarzuela es mi favorito -está a un tranco del centro, presume de una recta selectiva y una hermosura de tribunas- pero lamento que en los hipódromos, sin excepción, se coma fatal. ¡Aunque hay tantos alicientes! El otro día, paseando por la pelousse de Chantilly, encontré tres variedades de setas: senderuelas, champiñones silvestres y el gótico flamígero de la Coprinus comatus, mi favorita. Tuve que reprimirme para no cargar con ellas y premiarme con el mejor de los risottos”.

Otras anécdotas explican su inmensa afición. Hace muchos años, en una época en la cual viajar no era tan fácil, se enteró de que Royal Gait, el fabuloso stayer de Pereira, disputaba un Grupo III en Italia: "Cogí un avión hasta Roma, donde alquilé un coche y me fui conduciendo hasta Nápoles bajo la lluvia para ver cómo quedaba tercero. En otra ocasión, en Kentucky, cayó el diluvio sobre la pista donde competía un hermano de Habitancum, a quien gustaba el barro más que a mí el bourbon. Recuerdo que le jugué con todos, en gemela y trío, y me pagaron una fortuna".

En alguien que ha presenciado en directo tantos Arcos, Derbys y Breeder's, llaman la atención ciertas confesiones: "Disfruto tanto viendo un Grupo I como con una carrera de venta. No concibo un domingo sin carreras y sin apuestas. Paso de los pronósticos de otros y de soplos de última hora. Me gusta ver a los caballos desde el ensilladero y me trabajo el paddock. Ya, con la cabeza enharinada, me siento preparado para equivocarme yo solito".



MIRANDO AL FUTURO.

Sobre la situación actual del turf en España se expresa con contundencia: "A LAE las carreras le importan un rábano. La quíntuple, a la deriva, viene naufragando durante décadas. Y ni yo ni ningún aficionado concibe que aún no se hayan encontrado acuerdos para que las apuestas estén en la calle”.

En el paddock de La Zarzuela, por cierto, es fácil verle conversar con su amigo Fernando Savater "A quien debemos –afirma- El juego de los caballos, el más hermoso, inspirado y lúcido libro sobre el turf” y a los propietarios españoles los alaba sin dudar: "Antes nos colocábamos en un Listed y parecía que habíamos abierto el paraíso. Ahora ya competimos con éxito en carreras de Grupo. Éste esperanzador e inmenso salto se lo debemos al altruismo de muchos propietarios. Jamás hubo en España tantos caballos de tan laureado origen como ahora".

Él mismo, hace unos años, fue propietario de un caballo llamado Catorce de Abril: "Amén de gitano, soy republicano; de ahí los colores rojo, amarillo y morado de mi chaquetilla. Catorce no era hijo de Galileo sino más bien un penco que no batió ni a su sombra, pero sospecho que cuando quitaron del programa la Copa de su Majestad el Rey fue para no correr el riesgo de tener que entregármela".

La conversación transita en el tiempo: de Abdel a Partipral, de Vichisky a Friné, de Carudel a Janácek, su actual jockey de cabecera: "Me recuerda mucho a Claudio por su proverbial sentido del paso: cuando coge la punta, es temible". Pero su último recuerdo es para las personas que nos han dejado en los últimos tiempos: "Nieves Gómez, que era una mujer valiente y entrañable; Roberto López y José Carlos Fernández, niños crecidos de perenne sonrisa; y especialmente dolorosa fue la despedida de mi amigo Pablo Font, una persona excepcional. Todo el hospital le adoraba”.


Y la última confesión: “Con Pablo compartí algunas sesiones de quimioterapia. A mí también me ha perseguido la muerte, pero voy tan desbocado por la vida que la he sacado de paso". Después de muchas colocaciones, Abraham García siente que, por fin, ha conseguido la gran victoria.

Octubre de 2014 (publicado en A Galopar)

Carlos Guiñales

lunes, 10 de julio de 2017

Alfonso Bautista

Alfonso Bautista, el último arévaco

A principios de año, Alfonso Bautista, propietario de Urgull, le propuso a Alberto Carrasco matricular al caballo en el Gran Premio Claudio Carudel. “Tú estás loco”, le contestó el preparador, pensando que se trataba de una broma más de su cuñado. Alfonso insistió: “Mira, después nos va a tocar reengancharlo y eso me va a costar una pasta”. Al final se salió con la suya, Urgull correrá el Carudel y el clan Bautista-Carrasco-Gelabert volverá a soñar con una victoria que sería especial para toda la familia.

LOS ARÉVACOS

El padre de Alfonso, el señor Isidro, trabajó durante años en el hipódromo de La Zarzuela haciendo un poco de todo. Sus dos hijas acabaron casándose con dos jockeys, Alberto Carrasco y Tolo Gelabert, tipos curtidos a los que Alfonso, convertido en cuñado de ambos, admiraba desde niño: “Es que los jockeys tienen mucho mérito. A mí me daba miedo montar y cuando Marcos Carrasco, el maestro, me decía que tenía que galopar a Bookmaker o a Oropéndola (la de la cuadra Edemi) lo pasaba fatal. A Julio César, el mejor caballo de la cuadra, ni me arrimaba de la mala leche que tenía. Me di cuenta rápido de que aquello no era lo mío, pero ellos eran valientes de verdad. Alberto, después de venir de la Venta de la Rubia, tuvo una lesión muy grave, no le daban montas y tuvo que empezar de cero, pero fue capaz de ganar el Derby con Cullinan, el Hispanidad con Cañal y la Poule con Sherman”.

Muchos años después, Bautista alcanzó un sueño: convertirse en propietario. En 2007 fundó junto a tres amigos la cuadra Arévacos, bautizada así en honor al pueblo prerromano que habitó al sur del río Duero y dio supuestamente origen al topónimo madrileño de Aravaca. Alberto Carrasco sería el preparador. Los colores los eligió Tolo: la chaquetilla malva de Mendoza y la cruz de San Andrés roja de Rosales, igual que la gorra. Aparentemente, una combinación ganadora, pero los resultados tardaron en llegar: “El primer yearling que compramos fue Cuba. La yegua era maja y nos lo pasamos divinamente; luego llegaron Ronsito, Kalanda -que nos dio nuestra primera victoria- y Prilban. Éste era malísimo y un verano hicimos un trato con Roberto López, que se marchaba con sus caballos a Sanlúcar. Le dije: llévate a Prilban y, si eres capaz de ganar con él, te compramos el yearling que tú quieras. Prilban ganó y a los quince días apareció Roberto con el potro prometido. Es enano, le dije sorprendido. Pues ya verás lo que te vas a divertir con él, me respondió Roberto. Aquel potro se llamaba Kayseri y, aunque nunca llegó a crecer demasiado, se convirtió en el primer caballo notable de los Arévacos, ganó cuatro carreras y perdió el Gran Premio de Dos Hermanas por solo una nariz: “Era pequeño pero tenía mucho corazón, mucha voluntad. Se lesionó con cinco años, lo llevamos a una finca y allí murió poco después”.

El gran Urgull después de ganr en La Zarzuela
con José Luis Borrego. Imagen: Haglita


Los siguientes caballos de la cuadra (Sacramento, Scarlatti, Neska, Cortizada, Caramelo, Capitán, Hanibal o la pobre Siracusa, que se dejó la vida en la pista el día de su debut) pasaron con más pena que gloria por el hipódromo. Desde el triunfo de Super Nena en junio de 2012 hasta el logrado por Ramallah en diciembre de 2013, los Arévacos encadenaron 56 carreras sin ganar. La cuadra era muy deficitaria, los socios de Alfonso ya no podían asumir su coste y solo él, con una moral irreductible, decidió seguir adelante confiando en que la suerte alguna vez cambiase.

URGULL

Si Kayseri parecía liliputiense, Urgull es un gigante. Era un potro tan desmesurado que incitaba a la desconfianza: “Me lo ofreció su criador, Alfonso Quereda, porque ni siquiera pensaba llevarlo a la subasta, y me lo quedé. Era feo y grande, con una tripa enorme. Pero ya que estaba en la cuadra, había que intentar algo con él y lo debutamos en La Teste en 2100 metros porque pensamos que tendría distancia. Después lo llevamos a Sanlúcar con Salguero y allí Lucía (Gelabert) me advirtió que hasta los 1400 era capaz de seguir a Collio Side. Hay que galopar mucho para seguir a Collio Side en Sanlúcar, pensé entonces, así que nos planteamos bajarlo de metros”. Desde que lo hicieron, Urgull no ha perdido una sola carrera. Suma cuatro victorias consecutivas en Madrid en las que ha exhibido una cualidad solo al alcance de los mejores: se sitúa en cabeza, marca un ritmo selectivo y, aun así, es capaz de cambiar de velocidad al abordar la última recta: “Corre en punta porque tiene mucho tranco y además, como yo no tengo más caballos, está acostumbrado a entrenar solo. Pero en los galopes, si ve un caballo delante, aunque esté a cien metros, a por él que se va”. Urgull ha subido un escalón en cada carrera. De caballo de segunda parte de hándicap ha pasado a caballo de gran premio. “La primera victoria, cuando batimos a Ti Faro, me hizo muchísima ilusión. Y en la siguiente ya batimos a Mind the Gap, que es muy buen caballo aunque tenga una mala cabeza. Estaba matriculado en el Goyeneche el primer día de primavera, pero no lo pudo correr porque se hirió con un clavo y hubo que esperar al Benito Martín, donde llegó muy apurado y, aun así, ganó. Su última carrera la vi muy tranquilo. Lo único que me fastidió fue que no lo pudiese montar Jaime porque tenía un compromiso con otro preparador”.

La deuda se saldará en el Carudel. Todo lo que consiga Urgull quedará en casa porque esta vez Jaime Gelabert sí será su jinete: “Soy su tío, su padrino, y se nos cae la baba con él. Me recuerda a su padre en todo, pero sobre todo en el carácter. No le gusta perder ni a la PlayStation. Para nosotros será un honor correr el Carudel, pero es que además lo podemos ganar. Al principio no pensábamos que Urgull sería tan bueno, pero ya es un caballo de gran premio. ¿La punta? No nos importa que Noozhoh se ponga delante, casi lo prefiero, pero tampoco pasa nada si lo hace Urgull”.

Después el caballo descansará: “Todavía no hace un año que debutó y no hay que abusar de los animales. La idea de correr fuera no me atrae. Una vez fui con mi cuñado a Deauville para ver a Risquillo y allí estábamos los dos solos. Me gusta más ganar aquí, rodeado de mi gente”. Alfonso se refiere a sus amigos de la tribuna norte, a sus hermanas, a sus cuñados. Aunque Tolo, que se quedó sin caballos durante la última crisis del turf y ha tenido que regresar a la hípica, es ahora el gran ausente en la fiesta dominical: “Decepciones en el turf he vivido muchas. Lo peor es cuando se te muere un caballo, como nos pasó también con Izapi, que se quedó en la mesa de operaciones al poco de comprarlo. Y la mayor alegría fue sin duda ver ganar a Ramallah en Dos Hermanas, preparada por Tolo y montada por Jaime. Aquella fue su primera victoria”. Los Carrasco, los Gelabert y los Bautista volverán a reunirse el domingo 19 de junio para animar a Jaime y a Urgull, el gigante que estuvo a punto de llamarse Señor Isidro en memoria de su padre, aunque al final no hubo tiempo para cambiarle el nombre. Será en la carrera que homenajea a Claudio Carudel. Otro gigante. Palabras mayores.

Junio de 2016 (publicado en A Galopar)

Carlos Guiñales 

Desgracidamente, Urgull no pudo participar en el Carudel. Fue retirado el día previo a la carrera al sufrir una gravísima lesión provocada por un clavo que -según denunciaron entonces sus responsables- un desalmado colocó junto a su box con las peores intenciones. El caballo salvó la vida de milagro y, tras una muy lenta recuparación, pudo regresar a las pistas en marzo de 2017. El pasado domingo 9 de julio logró su primera victoria después del calvario. Fue en el hipódromo de Lasarte. Lo montaba Lucía Gelabert y los arevacos volvieron por fin a sonreir.

Lucía Gelabert en el centro, flanqueada por los Arevacos.
Imagen: Hipodromoa

miércoles, 26 de abril de 2017

José Antonio Rodriguéz (JAR)

El próximo domingo, cuando los caballos galopen hacia la meta, echarán de menos -en mitad del estruendo- la figura de un hombre callado apostado a ras de hierba junto a un extraño artilugio.

Hoy hemos perdido a José Antonio Rodríguez y el turf ya no será igual. Pero JAR nos deja para siempre su rigor, su sabiduría enciclopédica, sus imágenes precisas y un amor infinito por el turf. También nos deja su extraordinaria humildad. ¿Recuerdas, Jose Antonio, cuánto costó hacer aquella entrevista porque no te considerabas importante? Muchas gracias, amigo, por los breves pero provechosos ratos que compartimos. 

(26 de abril de 2017)




JOSÉ ANTONIO RODRÍGUEZ. DECANO DEL TURF

Datos, números, imágenes, nombres, caballos, hipódromos, jockeys, chaquetillas... Lo primero que advierte José Antonio Rodríguez (JAR) antes de empezar la entrevista es que va a ser incapaz de recordarlo todo... Porque ese todo abarca 57 de sus 75 años de vida dedicados al turf: la mayoría de ellos cámara en ristre, haciendo eterno el instante fugaz de un purasangre cazando a otro en la línea de meta.

2 DE JUNIO DE 1957

Esa fecha la recuerda muy bien. Fue su primer día en las carreras: "Acababa de terminar el primer curso de Económicas y no había fútbol, así que un amigo y yo nos acercamos al hipódromo. Comparado con el estadio, el recinto de tribuna me pareció un oasis de paz con un panorama espectacular. Me gustó tanto que repetí el 29 de junio para ver el Gran Premio de Madrid". Era el día que Carudel debutaba en España montando a Abe de Fuego, aunque eso lo descubrió después. Lo importante entonces fue que la llama del turf había prendido: "Entré en la Peña Primer Paso, catacumba hípica -decía Rafael Castellano- donde se vivían las carreras muy apasionadamente con sus poules y concursos de pronósticos. Mi primer amor fue Wildsun, pero después llegaron los Chacal, Rheffissimo, El País, Revirado, Teresa, Entre Copas... En España la carrera que más huella me dejó fue la Copa de Oro ganada por Rheffissimo en 1976 después de una recta final apasionante. Entre los jockeys me quedo con Carudel, Román Martín, Florentino González, Medina y José Luis Martínez, pero también con José Antonio Borrego y Santiago Calle, a los que vi hacer auténticos milagros. Ten en cuenta que he visto montar a los padres, abuelos y hasta bisabuelos de algunos jinetes actuales.”

FOTOGRAFIANDO EL TURF

Su afición por el turf corre paralela a su interés por la fotografía. Desde principios de los años 70 tomaba imágenes de las llegadas con viejas cámaras analógicas de medio formato y en 1974 comenzó a publicarlas en Pura Sangre: "Después de cada disparo tenías que cargar, encuadrar, enfocar y medir la luz con películas de baja sensibilidad. Antes ser fotógrafo exigía una formación técnica y artística muy profunda. Ahora resulta imposible no lograr una foto decente; solo tienes que encuadrar bien, por lo que cualquiera se atreve a intentarlo. Yo siempre digo que era mejor fotógrafo antes que ahora".

En 1978, con la aparición de cámaras que disponían de objetivos con zoom de largo alcance, la fotografía dio un salto decisivo. JAR pudo por fin convertir sus dos pasiones en profesión y comenzó a recorrer los hipódromos del mundo entero de forma regular, viajando en el tiempo de El Saler a Mijas, de Longchamp a Chantilly, de Newmarket a Aintree, de Churchill Downs a Belmont Park. También, por supuesto, a Meydan: "¿Mi foto preferida? Tengo muchas, pero destacaría un reportaje que hice sobre la victoria de Las Meninas en la Mil Guineas de 1994; y también guardo una muy especial, por lo sucedió después, en la que aparecían juntos Mª Pilar Gómez y Juan Pedro Espinosa en un galope de entrenamiento".

Su colaboración con Pura Sangre no se limitaba solo al campo de la imagen: "Miguel Ángel Ribera creó una revista muy diferente a lo que se estilaba entonces, con muy distintos y variados colaboradores. Además de las tiras de llegadas, publicaba pronósticos, artículos, estadísticas y hasta editoriales. Después, en 1984, fiché por Recta Final y amplié mi campo de acción al turf internacional. No había internet, claro, y me hice suscriptor del Racing Post inglés y del BloodHorse estadounidense para poder estar al día de todo. Recuerdo que era carísimo si querías que recibirlo con rapidez".

JAR completa su colosal archivo fotográfico con una de las bases de datos más completas que pueden encontrarse sobre el turf español, una obra que inició en su juventud y sobre la que también ha cabalgado a lomos de la revolución tecnológica, como podemos comprobar en la web www.equijar.com creada por él hace unos años: "Tengo fichas manuales de todos los caballos que corrieron entre 1968 y 1989. Un año después, con la aparición de la informática, nació realmente mi base de datos digital. Actualmente estoy informatizando datos anteriores para llegar a 1985 y conectar con los libros de Paco Salas (“Madres de corredores de España: 1941-1984”) que son de lo mejor que se ha escrito sobre turf en España. El problema añadido es que desde 1990, cuando Fomento cayó en manos de incompetentes, dejaron de publicarse las guías anuales de las carreras que venían editándose desde 1916. Llevamos 25 años sin resultados oficiales".

AL PIE DEL CAÑÓN

José Antonio vive con preocupación el delicado momento que atraviesa el turf en España: "A nivel deportivo se están consiguiendo resultados impensables hasta hace poco. Cada vez estamos más cerca del sudoeste francés. Eso es mérito de los criadores -con Felipe Hinojosa a la cabeza-, pero se me parte el corazón al ver cómo en las subastas se retira un potro criado con esmero sin alcanzar ni siquiera los 3.000 euros iniciales por culpa de la falta de expectativas. La pugna HZ-SFCCE puede desembocar en tragedia. Subsistir a base de ayudas estatales es incluso inmoral y hay que buscar otra forma para que las carreras se autofinancien. No veo a LAE con capacidad ni ganas para gestionar la apuesta exterior y cada vez es más difícil ver las carreras por televisión. Lo ideal sería entrar en un circuito de apuestas por Internet, pero con un control sobre los operadores para que reviertan en las carreras un porcentaje de las apuestas."

A una edad a la que ya casi nadie trabaja, José Antonio Rodríguez continúa fotografiando las carreras desde el ángulo más difícil, con la cámara apuntando siempre a los caballos en contrapicado cuando se acercan al límite de su esfuerzo: "En el hipódromo estoy solo pendiente de las fotos. Hace muchos años que no apuesto y las carreras las veo en diferido por Teledeporte. Disfruto con mis visitas a La Zarzuela entre semana. Allí, puedo cambiar impresiones con los profesionales y aficionados mientras veo los galopes de entrenamiento". Todo lo hace sin despegarse de la cámara, su tercer ojo, el que es capaz de detener el tiempo y capturar en una sola imagen la profunda belleza de las carreras de caballos.

Noviembre de 2014 (publicado en A Galopar)

Carlos Guiñales







jueves, 9 de marzo de 2017

Ramón Avial

Ramón Avial: el turf en familia

Ramón Avial y Totxo. Imagen: Olga Paniagua
El próximo domingo, el noble y veterano Totxo peleará la victoria en el premio Antonio Blasco. Es el caballo estrella de la pequeña factoría de la familia Avial, la cuadra Rober, unos colores que empezaron a lucir en el hipódromo hace 36 años. Ramón siempre ha sido el patriarca, pero la propiedad lleva el nombre de su hijo Roberto, ya preparado para tomar el relevo. Por si fuera poco, Fuenteesteis, segunda hace unos días en el Criterium de Languedoc, parece asegurar el futuro de una cuadra cuyas estrellas (amarillas, claro) se multiplican.

SU TIEMPO EN MADRID

Ramón Avial nació en Daganzo, un pequeño pueblo de la Comunidad de Madrid, en 1952. Su padre trabajaba como guardés de Patrimonio Nacional, bajo cuya tutela permaneció el hipódromo de La Zarzuela durante el siglo pasado, y en 1966 la familia se trasladó al recinto de la Cuesta de las Perdices: “Me aficioné desde que llegué. Hice algún pinito como jockey pero desde el principio me atrajo más entrenar, estar todo el día con los caballos. Pasé mucho tiempo como mozo con Juan Vicente Chavarrías, de quien aprendí mucho. Después estuve con Luis Maroto y con Gualberto Pérez. Mis hermanos (Juan Pedro, Miguel –que en paz descanse- y José Luis) me siguieron y fundamos la cuadra Rober. La bautizamos así por mi hijo Roberto, que tenía entonces tres años, y alquilamos una yegua, Sugar Me. Era malísima, pero la dejamos bajar en los pesos y acabó ganando una segunda parte de hándicap. Fue una alegría tremenda porque la pudo montar Juan Pedro, que acababa de volver de la mili.”

Gualberto Pérez figuraba como preparador, pero la cuadra Rober ya la gestionaba Ramón Avial. En 1982 obtuvo la licencia y comenzó a entrenar caballos de otros propietarios. Royal Kris, Carballo, Karachi, Sibarito, Borjito y Legal Jargon pasaron, entre otros muchos, por sus manos: “De Sur guardo un recuerdo muy especial por lo mucho que disfrutamos con él junto a la familia de Manuel Cid. Aunque tenía su carácter, como buen hijo de Kaldoun, era muy bueno. Ganó el Nacional. Llegué a tener 80 caballos en mis boxes, pero la situación del hipódromo se fue deteriorando poco a poco. Recuerdo que uno de mis propietarios me dijo un día que el hipódromo de La Zarzuela iba a cerrarse, que la única solución era poner de acuerdo a los profesionales y hacer algo de ruido para llamar la atención porque la Comunidad de Madrid estaba preparada para hacerse cargo de él. Lo hablé con mis compañeros para intentar organizarnos pero no me creyeron. Se lo tomaron fatal y decidí que lo mejor era marcharme. Tenía unos 25 caballos –la mayoría, de Pereira, Machín y Edemi- y me fui con ellos a Lasarte. Unos meses después el hipódromo de La Zarzuela cerró.”

SU TIEMPO EN SAN SEBASTIÁN

La mudanza le hizo dejar atrás muchas cosas, pero la familia –Su mujer Isabel y su hijo Roberto- seguía estando ahí y sus propietarios más fieles le acompañaron, al menos durante un tiempo: “Después se aburrieron. Corríamos mucho en Francia y ya no les parecía tan divertido. Me iba quedando sin caballos y los que compraba eran para mí o para la cuadra Carambola que compartía con mi amigo José Moreno. Éramos uña y carne. En las subastas él estudiaba los orígenes y yo los físicos. Tuvimos caballos muy buenos, como Columbus, y sentí mucho cuando, por circunstancias de la vida, dejó el mundo del hipódromo. Para mí era algo más que un hermano”.

El último caballo que corrió para la cuadra Carambola fue precisamente Totxo en el Gobierno Vasco de 2012, donde acabó segundo a solo medio cuerpo del ganador Cielo Canarias. Aquella carrera fue la confirmación definitiva de que era un gran caballo: “Lo habíamos comprado por 7.000 euros en las subastas de yearlings de Deauville. Me llamó la atención porque era un auténtico “tocho” de caballo. Tenía un físico impresionante. Una persona de la cuadra lo cuida expresamente, pero la verdad es que él solo se cuida estupendamente. Come bien, duerme bien y entrena bien. No hace falta forzarle en los galopes. Está fenomenal para correr el Blasco. No tememos a Noozhoh porque nos hemos batido mutuamente varias veces. Totxo da su mejor valor entre 1.200 y 1.400 metros, pero le gusta sobre todo la línea recta. Lo hará muy bien si encuentra pista blanda. Entre premios y primas ha ganado más de 600.000 euros y, tal como está, seguro que seguirá corriendo el año que viene”.

El gladiador Totxo regresa a Madrid. Imagen: Salva Maroto


Más barata aun resultó Fuenteesteis, adquirida también en Deauville el año pasado y admirable segunda en el Critérium de Languedoc, todo un listed francés: “Cuando la vi en el round previo a la subasta, dije: ésta es mi yegua. Lo que no me imaginaba es que solo iba a costar 3.500 euros. Volverá a correr este año una clase A y espero que siga mejorando el próximo año. Si corre en España será de las mejores, aunque todavía no sé si la venderemos”. Poti, que estaba corriendo en Francia, llegó a su cuadra en primavera y en verano logró cuatro victorias consecutivas para la cuadra Fabana: “Los responsables de la compra fueron Ion Elarre y Ander Galdona. Yo tenía mis dudas, pero ellos insistieron: es nacional, nos vamos a divertir con ella este verano, me decían, y al final me convencieron. Es muy valiente, tiene más corazón que físico y necesita que le hagan su monta. Si el jockey se equivoca, como pasó en el María Cristina, pierde la carrera. Su última salida, en un Grupo III, no corrió como sabe, pero seguirá otro año más en competición. Volveremos a disfrutar con ella en Lasarte”.

La familia Avial tiene en sus boxes 18 caballos, casi todos de su propiedad o con participación en ellos. La mayoría ha costado poco dinero: Eritiere (Diktat y Eretria) es una dos años todavía sin debutar. Es tardía y grandona. Estamos esperándola porque creo que tiene mucha calidad. Hoy Curillines me ha decepcionado, pero también es tardío, mejorará con la distancia y con la edad. Si la pista está buena correrá el Veil Picard. Tramazales todavía tiene cosas que decir. Tuvo una lesión de la que volvió a resentirse, pero se ha recuperado y ya está entrenando”.

Instalado en Lasarte desde hace más de 20 años, nunca se ha planteado regresar a Madrid, aunque reconoce que en los últimos tiempos ha pasado etapas duras: “Hasta hace un par de años las cosas no me iban tan bien. Al no tener casi propietarios, me tengo que financiar yo solo y no puedo gastar mucho dinero. Pero en Lasarte soy feliz. Nos tratan muy bien y allí lo tenemos todo a tiro, tanto Francia como Madrid. A La Zarzuela seguiré viniendo si los premios se mantienen a este nivel. Es una gozada correr en esta pista y hay que felicitar a sus cuidadores porque siempre, por mucho que llueva, está perfecta”.


El pasado domingo veíamos como el propio Ramón Avial sacaba a Curillines y Lava al paddock de La Zarzuela. Por la tarde regresaba a Lasarte y el lunes ya tenía previsto viajar a las subastas de Deauville. Así es la vida de un hombre de turf: “Compro, viajo con los caballos, los domo y pongo las herraduras. Hay que hacer de todo porque en la cuadra Rober somos solo cinco personas –además de mi mujer y mi hijo, están Rolando y José Manuel, que son como de la familia-. Compartimos juntos alegrías y tristezas. Me gustaría ganar algún día la Copa de Oro porque Lasarte es mi casa, pero mi mayor ilusión es disfrutar del turf día a día. Quiero que Roberto vaya teniendo cada vez más responsabilidad. Siempre ha estado conmigo y ya es hora de que empiece a coger las riendas de la cuadra. Va a ser mi relevo”. 

Noviembre de 2016 (publicado en A Galopar)

Carlos Guiñales

martes, 31 de enero de 2017

Miguel Ángel Ribera

Miguel Ángel Ribera: el turf en varias dimensiones

Hace unos días Miguel Ángel Ribera regresó al hipódromo de La Zarzuela. Tenía varios pretextos para viajar desde Sevilla: reencontrarse con los viejos amigos, disfrutar del Gran Premio de la Hispanidad que ganó Almorox y ver correr a su caballo, Dalan Rey, en el Premio Revista Pura Sangre, la publicación que él mismo fundó en los años setenta. Aficionado, propietario, subastador, cronista hípico, criador, preparador, directivo en los órganos de gestión del turf. Salvo jockey, Ribera ha abarcado el mundo de las carreras de caballos en todas sus dimensiones. Este artículo no puede ser más que un simple esbozo de su trayectoria.

LA PRIMERA ESCAPADA

Primavera de 1957. Miguel Ángel Ribera estudia en El Escorial. Ha sido castigado junto a un amigo por escaparse de clase y se le prohíbe pasar pasar el fin de semana en Madrid. Su amigo resulta ser hijo de Luis Benítez de Lugo, Marqués de la Florida. Es domingo y Roque Nublo corre el premio Torre Arias: “Oye, Miguel, ¿has estado alguna vez en el hipódromo? ¿no, verdad?, pues hoy corre un caballo de mi padre, así que vamos a escaparnos otra vez. Te gustará” Aquel domingo, Roque Nublo, del Marqués de la Florida, gana el Torre Arias y Ribera descubre el poder adictivo del turf: “Conocí a Barreiros, el preparador, y a Ponciano Polo. Me dejé asesorar por ellos y gané dinero en casi todas las carreras. El hipódromo me pareció una bicoca y empecé a ir todos los días”.

De aficionado a propietario. En 1968 funda la cuadra Luchana y compra a Donegal, su primer caballo, al que hace ganar Claudio Carudel, aunque Miguel se declara abiertamente romanista: Carudel no exprimía a los caballos y yo, que era un propietario modesto, me enfadaba cuando perdía una colocación por ese motivo. Pero luego se bajaba de la silla y te decía: el caballo está bien, la próxima la pelea seguro. Román Martín, en cambio, era muy enérgico y, si te podía sacar un tercero o un cuarto, te lo sacaba. Acabó uniéndonos una gran amistad. Nos veíamos cada día en el bar de los jockeys de Aravaca y, cuando dudaba entre varias montas, solía pedirme que le enseñara mis tablas, que eran muy fiables. Aunque luego, con el carácter que tenía, siempre decidía él. Si conocía al caballo, no creo que nadie, ni siquiera Jesús Méndez, le haya dado nunca órdenes”.

Su mejor caballo de aquella época fue Adeje. Se lo vendió precisamente el Marqués de la Florida y ganó el premio Ayuntamiento de Madrid en 1969 y el Gran Premio de Sevilla en 1971. En aquellos años Ribera empieza a escribir en diferentes revistas hípicas.

PURA SANGRE Y LA ROSALES

Una de ellas es Gran Premio, del popular Quilates, fallecido en 1973; otra, de la que guarda un gran recuerdo, es La Zarzuela: “La fundó Gilerita y es la revista hípica más completa que he conocido. Cuando creé Pura Sangre, en 1974, sabía que sería deficitaria, así que empecé a buscar la imprenta más barata que hubiese en Madrid. En una de ellas conocí a su dueño, Lorenzo Sanz. Entonces no iba mucho al hipódromo pero se mostró interesado, se asoció conmigo y fue aficionándose poco a poco a las carreras. El primer artículo que escribió fue una crítica a Ramón Mendoza, mucho antes de que se hiciesen amigos. Pero es que en aquella época nosotros éramos “rosalistas”, mientras que Corta Cabeza, la revista de la familia Griñán, era “mendocista”. Había mucha rivalidad y el público compraba una u otra según sus preferencias, aunque los muy aficionados siempre compraban las dos. Tuvimos nuestros encontronazos, pero era una rivalidad amistosa. Recuerdo que Ota Griñán ayudó mucho a mi familia cuando me tuve que ir a Chile en 1980”

Años 70: la rivalidad de Rosales y Mendoza se traslada a las revistas hípicas.



Ribera disfruta como nunca de su rosalismo un fin de semana de 1976, cuando acompaña a Antonio Blasco al meeting del Arco para ver correr a Dona Barod en el Prix L’Opera: “Antes de la carrera quiso venderlo. Pedía 500.000 francos y un representante francés le ofreció 400.000. Rehusó la oferta, disputó el gran premio y lo ganó. Fue la carrera más espectacular que recuerdo. En aquella época no era habitual salir al extranjero y ganar, y menos aún una carrera de ese nivel. Por la noche, mientras cenábamos en un restaurante de París, se acercó de nuevo aquel representante y le ofreció a Blasco 800.000 francos por Dona Barod. Antonio le dijo: ayer te lo habría vendido por 500.000; hoy, ni por 800.000 ni por un millón”.

DE CHILE A ANDALUCÍA

En 1980 se marcha a Chile y le hace una promesa a Rosa, su mujer: a cambio de que ella y los chicos le acompañen en la aventura, él se comprometía a olvidarse de los caballos. La promesa se rompe al poco tiempo: “Al principio la cumplí, pero allí hay muchísima afición y carreras todos los días, así que íbamos al hipódromo. Un día fuimos a una subasta porque un cliente se empeñó en tener un caballo a medias conmigo y a Rosa le di algo de pena: vale, te dejo comprar uno, me dijo. Al final salí de la subasta con cuatro y todo volvió a empezar. Tuve caballos excelentes, como Akram, que fue tercero en el Derby de Chile después de ganar la preparatoria, y me dediqué también a la cría. A España traje caballos como Pier Luigi. La cuadra Luchana estuvo corriendo en Chile hasta 1993”.

De regreso a España, un amigo le anima a dar un paso que antes no se ha planteado pero que no considera una locura. Convertirse en preparador: “Yo siempre había estado muy encima de los caballos. Aprendí mucho de Paco Galdeano, de Miguel Alonso y de Ricardo Jurado, el mejor cuidador de caballos que he conocido. Y, aunque la última palabra siempre la tenían mis preparadores, me gustaba opinar de todo. Tenía mis caballos con Ricardo y no quise quitárselos, así que empecé con una yegua de Álvaro Soto llamada La Larga. Nos fue bien y empezaron a llegarme más caballos, hasta que decidí que nunca tendría más de quince. Con Ribeira, la mejor de todos, gané cuatro carreras seguidas en las playas –Gran Premio de Sanlúcar incluido- y fui dos veces campeón de la estadística de Sevilla. Tuve cuatro o cinco años muy buenos, coincidiendo con el cierre de Madrid. De todas las cosas que he hecho en el hipódromo, preparar es de la que más orgulloso estoy. Cuando ganas como propietario no piensas en el dinero de la carrera, sientes la misma alegría tanto si es un gran premio como una carrera pequeña. Pero cuando ganas como preparador -o como jockey- sabes además que parte del mérito es tuyo”.

Dalán Rey luciendo los colores de la cuadra Luchana medio siglo después de su creación.
Imagen: Trío Reversible



Como propietario, calcula que ha participado en cerca de 20 cuadras tanto en España como Chile. Actualmente tiene un pequeño porcentaje de Huerta Grande y los colores de la cuadra Luchana, próximos a cumplir 50 años, siguen luciendo en los hipódromos gracias a Dalan Rey: “Siempre tendré caballos. Moriré teniendo caballos”. ¿Y el presente del turf, como lo ve Miguel Ángel Ribera después de tantos años?: “Ha habido épocas mejores, pero también las ha habido peores. El futuro está difícil porque dependemos de la situación general del país y de Europa, que no es nada halagüeña. Y el turf es un hobby. El único deporte de reyes que queda en el mundo”.

Octubre de 2016 (publicado en A Galopar)

Carlos Guiñales

viernes, 30 de diciembre de 2016

Más allá del paddock

El tweet cayó como una losa. No me lo esperaba. Algunos se agarraban a la posibilidad de que se tratase de una inocentada, pero yo sabía que eso no era posible. Julio nunca hubiese bromeado con un asunto tan serio. La decisión estaba tomada.

Conozco a Julio y Fernando desde principios de los años 90, cuando me animé a participar en el concurso de pronósticos de prensa y radio. En aquella época hacía mis prácticas en pequeños medios de comunicación al tiempo que estudiaba Periodismo en la UCM. La calle Lérida donde se imprimía Recta Final estaba a mitad de camino entre la Facultad y mi casa, así que cada martes a mediodía les hacía una visita, leía con detenimiento los partants del domingo e intentaba afinar mis pronósticos (generalmente fallidos), mientras observaba cómo trabajaban a toda velocidad para poder tener la revista en la calle cuanto antes. Un día, armado de valor, me ofrecí a echarles una mano. Fernando me señaló con ironía el lugar dónde estaba la escoba. Después me explicó que, a pesar de la larga lista de redactores y colaboradores que aparecían en la primera página, la revista la hacían básicamente entre tres personas. Aquello no daba para más.

Recta Final desapareció y apareció A Galopar. La Zarzuela cerró y durante un tiempo me olvidé del turf. Cuando volví, unos años después, allí seguían. No sé cómo, pero habían resistido. Y, 20 años después del tímido escarceo de la calle Lérida, fueron ellos quienes me ofrecieron colaborar en la revista. Julio me propuso escribir un artículo semanal de opinión. Dudé si debía aceptar porque siempre he creído que para opinar sobre un tema es imprescindible manejar muchísima información -y yo, que siempre me he acercado al turf más como aficionado que como periodista, nunca la he tenido- así que le propuese una alternativa más modesta: escribir una serie de reportajes sobre personajes del mundo de las carreras a partir de charlas más o menos informales. Le pareció una buena idea. La sección se llamaría Más allá del Paddock.

Nos pusimos manos a la obra. Algunos nombres los sugería yo. Otros los proponía Julio. Buscábamos el consenso, descartando de entrada a los entrevistados habituales y a los que acaparaban las portadas de la revista –generalmente, jockeys y preparadores en los puestos de honor de la estadística- para dar entrada a personajes menos conocidos del mundo del turf o, en ocasiones, injustamente olvidados: jinetes amateurs, profesionales retirados, criadores modestos, propietarios de diversa índole, jóvenes promesas, mozos de toda la vida, aficionados singulares, fotógrafos, periodistas… La idea era saber algo más de esas personas con las que nos cruzábamos cada domingo en el hipódromo. Poder compartir sus historias. Recordar cómo llegaron al turf. Descubrir sus sueños. Desvelar a veces su desencanto.

Por Más allá del paddock pasaron Jaime Gelabert antes de logar su primera victoria como aprendiz y Félix Sanz cuando ya solo tenía un caballo en competición. Valentina Burgueño cuando comenzó a preparar y Mauricio Délcher cuando dejó de hacerlo. A Marcos Carmena lo entrevisté en la misma Tribuna Norte donde ambos habíamos presenciado miles de carreras. A Fernando Savater, siempre pendiente de cada detalle de las carreras, le perseguí por medio hipódromo hasta que por fin nos sentamos y respondió con amabilidad, modestia y sentido del humor a cada pregunta. La charla más larga la tuve con Carlos Pellón, aunque Abraham García debió quedar a menos de un cuello de distancia. La más escueta e improvisada fue con Uma, que al día siguiente compensó la brevedad con una generosa misiva. La más emotiva se produjo, sin duda, con Miki y Fernando Font porque el recuerdo de su hermano Pablo sobrevoló cada frase que se dijo aquella soleada mañana. La memoria de José Carlos Fernández también estuvo muy presente durante la distendida conversación que mantuve con Eduardo Fierro

Si algo siento es no haber podido dedicar más reportajes a turfistas de otras latitudes, aunque a veces aprovechaba los viajes a Madrid de Sergio Vidal, Alberto Remolina o Ramón Avial para robarles parte de su tiempo. Sería imposible mencionar a todos los personajes que han pasado por la sección, pero quiero agradecer a todos, sin excepción, tanta generosidad y paciencia. He reproducido en esta web muchos de los textos publicados en la revista porque siento que es la manera de que perduren en el tiempo y puedan ser consultados con facilidad por cualquiera que lo desee. Debo dar las gracias también a los lectores. 26.000 visitas recibidas desde que comencé a publicar artículos me parecen muchísimas para un blog de turf.


Soy consciente de que muchas historias del turf están todavía por contar y me gustaría continuar la tarea algún día. Pienso, por ejemplo, que Julio Díez y Fernando González, siempre discretos pero siempre inasequibles al desaliento, devotos de esa misteriosa religión llamada turf, merecen un gran capítulo. Y espero que no sea el último.

(Un hipódromo sin revista de turf sería como una película sin guion)

Carlos Guiñales

jueves, 15 de diciembre de 2016

Ignacio Melgarejo

Ignacio Melgarejo: El joven Señor Fegentri

Ignacio Melgarejo. Imagen: Fegentri
Aunque solo tiene 18 años, Ignacio Melgarejo lleva muchas horas de turf en la mochila. Cuando habla de caballos –con ese desparpajo sevillano tan convincente- parece un veterano. Los meses compartidos con Carlos Laffón en París le han hecho madurar muy rápido como jinete y como persona, y aunque él dice que le gustaría tomarse el turf con más calma, reconoce que apenas piensa en otra cosa. Liderar a su edad el Camepeonato del Mundo de la Fegentri parece motivo más que suficiente.


DOS DE DOS

Los caballos siempre han formado parte de su vida. Desde que su padre le llevaba en la silla cuando salía a montar y él se quedaba allí dormido, hasta que empezó a ir a los hipódromos de Pineda y Mijas con su primo Alvarito Soto y su tío Álvaro, y alucinaba viendo los nombres de Jorge Horcajada, Borja Fayos o José Luis Borrego grabados en los breeches. Entre los diez y los catorce años estuvo jugando al polo y llegó a participar en algún raid, pero lo que le hizo ver el futuro con claridad sucedió cuando le subieron a lomos de Guambiano, el caballo de Roberto Cocheteux, y sintió que no lo podía parar: “Tenía 13 años y aquella sensación era totalmente diferente. No sabría explicarlo. Era adrenalina pura, ¡tanta velocidad…! Aquel día tuve claro que quería ser jockey”

Durante tres años se preparó para ello. Manuel Álvarez y Álvaro Soto le enseñaron todo lo que debía saber antes de su debut: “Me decían que lo más importante era mantener al caballo relajado, poder hacer un cánter y no pelearte con él. Yo me fijaba sobre todo en Alvarito. No conozco persona con mejores manos que él para los caballos. Del debut apenas me acuerdo. Fue en enero de 2104 con Usaquen, que era como el niño mimado de la cuadra, pero pasó todo muy rápido. Solo recuerdo cruzar la meta y darme cuenta de que había ganado”.

El día de su debut. Imagen: Andalucíadeporte,org


Fue una carrera contra jockeys y la monta de Ignacio Melgarejo llamó la atención. Usaquen, que no partía como favorito, remontó de último a primero. Fue en Dos Hermanas y allí estaba toda su hinchada sevillana, la misma que dos semanas después regresó para verle montar a David’s Divina en una carrera de aficionados. Volvió a ganar: “Ese día lo hicimos de punta a punta. Ganar otra vez en mi casa, delante de mi familia y mis amigos, fue algo increíble”.

EN PARÍS CON LAFFÓN

Imposible mantener el listón a ese nivel. La tercera victoria no llegó hasta bien entrado el verano –Fue con Finley Connolly, también de su preparador y mentor, Manuel Álvarez- en la playa de Sanlúcar. Fue durante el primer verano que Melgarejo estuvo en Francia con Carlos Laffón: Carlos es muy amigo de mi familia y me acogió muy bien. Pasé con él los meses de verano en 2014 y 2015 para preparar la temporada de Sanlúcar. Y después volví entre noviembre del año pasado y junio de este año porque, al terminar el colegio, decidí tomarme un año sabático para aprender francés. Por las mañanas montaba en los galopes y por las tardes iba a una academia”. Meses bien aprovechados. Ignacio mejoró su estilo a caballo, absorbió cómo una esponja todo lo que Laffón le transmitía, aprendió mucho de Peslier: Carlos me ha enseñado desde cómo tratar a los caballos a cómo vestirme para un día de carreras. En galopes me dio la oportunidad de montar a grandes caballos como Attendu (ganador de Grupo III), Left Hand (2ª del Diane) o Aktoria (ganadora de listed). En carreras monté en Saint Cloud, Chantilly y Maissons-Laffitte, y estuve dos veces tercero y una vez cuarto. Creo que he mejorado mucho mi sentido del paso. La forma de arrear y la colocación son horas de vuelo, pero el sentido del paso es lo más importante. Me gustan mucho Soumillon, Demuro y, sobre todo Olivier Peslier, que además de un fuera de serie es un tío muy simpático. Es un turf que está a años luz del nuestro”.

Cuando regresaba a España, intentaba mejorar su formación. Una frase define bien su inconformismo: “Aprendo más de las derrotas que de las victorias. Con Komedy, por ejemplo, me equivoqué al montarle en el Santiago Galaz. Tiraba mucho, se fue hacia adentro, me golpeé con otro y al final tuve que sacarla demasiado hacia fuera. Y la carrera de Kurdo en la Fegentri me la comí con papas”. De su victoria con Lince, en cambio, se muestra orgulloso: “Fue la primera en La Zarzuela y es un caballo al que tengo mucho cariño. Yo entonces estaba más verde que ahora y la sensación de ganar en Madrid fue increíble. Además no es un caballo fácil de montar. Lo conocía de los galopes y sé que siempre tira y tiende a irse hacia afuera. A los caballos intento transmitirles tranquilidad. Creo que es mi principal cualidad”.

El joven jinete sevillano en Sanlúcar de Barrameda. Imagen: Turfsanlúcar.blopstpot.com


EN LA FEGENTRI

Ignacio Melgarejo tiene ahora el difícil reto de igualar lo conseguido el año pasado por Gonzalo Pineda, campeón mundial de la Fegentri en 2015: “Fue Don Rafael Martínez, presidente de AEGRI, quien contactó con Manuel Álvarez para saber si yo estaba interesado en representar a España y desde el principio les dije que estaría encantado. Por ahora voy primero en la clasificación”. Melgarejo, ya familiarizado el turf inglés y francés, está conociendo hipódromos muy diferentes gracias a la experiencia: “He montado en Cagnes-Sur-Mer, Zurich, Hamburgo, Nápoles y Strömshold, que me gustó mucho porque me recordó a Sanlúcar. Hacen la pista de carreras en mitad de un bosque cercano a Estocolmo y el ambiente es muy familiar y festivo. Allí coincidí con José Lopera, que me atendió divinamente. En la carrera estuve tercero pero me divertí mucho”. Algo parecido habrá vivido este fin de semana en Loredo, donde ha logrado su primer triunfo en el campeonato con Cielo Canarias y las carreras tienen también ese colorido que a veces se echa en falta en los hipódromos, un toque popular que congenia muy bien con el amateurismo de amazonas y gentleman: “Pero en la Fegentri –advierte Melgarejo- hay mucho nivel. Fabris, el checo que me batió en Madrid, es muy alto y tiene problemas de peso, pero montando es un fuera de serie. Schiergen, el alemán, tiene mi edad y ya ha ganado 82 carreras. Y luego está el francés, que sabe leer muy bien las carreras”.

Melgarejo reconoce, sin embargo, que le gusta más montar con jockeys: “Se aprende más y siempre te dan buenos consejos. José Luis, Vaclav, Borja o Urbina, con el que también he montado, no tienen nada que envidiar a muchos grandes jockeys que montan en el extranjero”. De sus palabras podría interpretarse que ya piensa en dar el salto al profesionalismo, aunque por ahora prefiere tomárselo con calma: “En otoño empiezo a estudiar Dirección y Administración de Empresas, lo que me tendrá ocupado cuatro o cinco años, pero no quiero cerrarle puertas a nada. Quiero seguir montando todos los días porque –como dice Manolo Álvarez- para montar en carreras antes hay que montar a diario en galopes”. Con el peso además no parece tener muchos problemas: “Puedo montar a 55’5 kilos, me cuido bastante porque soy comilón, pero nunca lo llevo a límites que puedan perjudicar mi salud”.


Antes de acabar nuestra charla (mantenida poco después de ganar con Risby en Madrid el pasado jueves) le pregunto por su mayor ilusión como jinete: “Me gustaría mucho ganar una carrera en París para Carlos Laffón por todo lo bien que me ha tratado siempre. Y bueno, también me gustaría ganar este año la Fegentri”. Dos deseos que muy bien podrían cumplirse.

Julio de 2016 (publicado en A Galopar)

Carlos Guiñales

NOTA: Hoy, 15 de Diciembre de 2016, Ignacio Melgarejo se ha proclamado Campeón del Mundo de Jinetes Aficionados. La mitad del sueño se ha hecho realidad. ¡Felicidades, campeón!